Identidad

La traición de las imágenes. Magritte.

La traición de las imágenes. Magritte.

¿Por qué nos preguntamos ‘quién soy‘?

Todo individuo o grupo que forma parte de una sociedad tiene una identidad: es la imagen distintiva que tiene de sí mismo en relación con otros. No se trata de una simple etiqueta o “marca”, impuesta o auto impuesta, sino de un atributo relacional que se construye a partir de la apropiación que los actores sociales, individuales o colectivos, hacen de determinados repertorios culturales considerados simultáneamente como diferenciadores (afuera, hacia los demás) y como definidores de la propia unidad y especificidad (adentro, hacia el propio actor), en función de sus valores y de su sistema de preferencias. Es decir, la identidad no es más que la cultura interiorizada por los actores sociales[1].

Cada actor social tiene un papel activo en la construcción de su propia identidad: la ve como un proyecto, como algo que hay que inventar –no que descubrir-, como el fruto de un esfuerzo intencionado, racional. Este proyecto integra las experiencias del pasado con las del presente en la propia unidad biográfica y da lugar a las aspiraciones que van trazando el futuro.

Se trata pues de un proceso subjetivo, de una auto identificación del sujeto. Sin embargo, para que exista de manera social, la propia identidad debe ser reconocida por los demás sujetos con los que interactúa. Es la representación de un yo y de un nosotros socialmente situados o respectivos que permite a los individuos auto ubicarse y orientarse con referencia a las coordenadas del espacio social donde se desenvuelve.

Por otra parte, la condición de identidad permanece incompleta, en construcción continua. No se es, como algo acabado, sino que siempre se está siendo. Un sujeto puede cambiar, en el decir, en el actuar o en el pensar; y difícilmente está expuesto siempre a un único repertorio cultural.

Estamos pues, ante las paradojas de la identidad: tener que estar claramente definido y diferenciado –lo cual sugiere continuidad, pero tener al mismo tiempo la posibilidad de cambiar y elegir alternativas , particularmente en la vida posmoderna, que demanda fluidez más que permanencia y adaptabilidad más que fijación. O la de apostar mediante la identidad por la liberación individual (‘soy quien quiero ser’), pero al mismo tiempo por la membresía o la adhesión a uno o más colectivos (‘soy quien preciso ser’). Y finalmente, tener en esto nuestra fortuna y lo que puede ser el peor de los infiernos.

¿Realmente nos preguntamos ‘quién soy‘?


[1] Giménez, Gilberto (2005). La cultura como identidad y la identidad como cultura. México, Conaculta. Disponible en: http://sic.conaculta.gob.mx/documentos/834.doc. Fecha de acceso: 20.09.2013.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s